Era increíble ver la cantidad de personas que estaba llegando, después de armar el cuadrilátero, te juro que nunca inmaginé ver tanta gente entrar al espectáculo. Ya estaba fuera de control, tenían que haber por lo menos unas 10,000 personas.
Me sentía muy orgulloso de él, le conocía desde San José de Ocoa y sabía que era un excelente ser humano.
Cuando paso el penúltimo combate vino un silencio, para luego pasar a la locura.
LA SALIDA
Todos querían toparle, era como a los políticos o aquellos cantantes de merengue de la época. Con su capa de la bandera dominicana y su vestimenta cruzada de tres colores, estaba imponente.